Jueves 20 / Teatre Ateneu / 21.30
15 euros / 20 euros
Reencuentro de viejos amigos y conocidos, –actualmente, amigos-casi-hermanos–, “Justo y los Pecadores” es, contra todo pronóstico bíblico, un banda de Rock and Roll formada a finales de 1999 por Justo Conde (voz, armónica y guitarra acústica), Francesc Estrada (guitarra), Miquel Montfort (guitarra) y Josep Faraboni (bajo).
Supervivientes de la eclosión de los ochenta, todos sus miembros han tenido tiempo más que suficiente como para saber lo que hacen y lo que no quieren hacer.
Su discografía se compone de cuatro álbumes auto-producidos:
“De bares y amores” (2001), “Directo” (2004), “Desde el Burladero” (2007) y el que actualmente presentan en sus conciertos, “Discreto” (2010).
“Discreto” bascula entre dos territorios, entre dos momentos espacio-temporales: uno es el rock’n’roll bailable, directo y de género con raíces, que es la esencia de la banda. El otro es la apertura decidida hacia otros formatos más complejos, más delicados, más matizados y más allá de los 12 compases y los tres tonos. Como siempre, mandan las canciones: son ellas las que dicen cómo quieren ser tocadas y, en esto, los Pecadores saben escuchar y saben ser fieles a ellos mismos. Mejor dicho, a las canciones que componen e interpretan. Por eso es, como el anterior, un disco 100% pecador… y/pero más: grabado en directo, –con la salvedad de las voces y algún que otro recording–, cuenta con la colaboración de grandes músicos: Lluís Coloma, pianista que ya contribuyó a la solidez del anterior disco, Amadeu Casas, que interviene en un par de piezas ancestrales guitarra y dobro en mano. A estos artistas hay que sumar a los dos bateristas, a tiempo parcial, de la formación: Ramón Díaz, canario, jazzista de pro con sangre soul rock en las venas, y Mateu Sirer, mallorquín, profundamente rockero, además de ser el rookie del álbum.
Precisamente la participación de estos músicos, ciertamente flexibles, pero dotados todos de una personalidad estilística propia, demuestran que el rocanrol da tanto de sí como se quiera, y que otros estilos y capacidades casan bien con este viejo baile, si se llevan como debe ser: con decisión, orgullo y sin mirar a los lados.